jueves, 28 de agosto de 2008

Tercer cuento uno de los que más me gusta

Este no pasa a  la historia, nadie lo entiende, pero tiene una explicacion y es uno de los que mas me gusta, y me emociona :'(

Desafió interactuado


Yacía, en una tierra no muy lejana, el mayor de los guerreros de toda la historia de la humanidad y el universo. Él, sólo, había dado batalla casi triunfante a la humanidad y a cada uno de los seres del planeta. Algunos guerreros y solados se habían animado a enfrentarlo, solos o con ejércitos, pero ni la armas ni la ideología, lograban contraatacar su poder. Día a día abatía la vida de cada ser. El sufrimiento de los pueblos, se veía en sus vanos ojos que, generalmente, mantenía escondidos bajo su cabeza agacha. La cual se disponía mostrar con variantes de sonrisas confusas, algunas serias, otras no.
Todo el sufrimiento de las personas que me rodeaban captó mi atención de a poco hasta perseguirme en mis propios sueños. Mis pensamientos se cruzaban con el temor a este gran señor de las guerras. Me arremetí a solo hacer una vida monótona y a formar parte de las masas quietas, mientras que en mi interior me consumían los más grandes sentimientos de dolor, cruzados con amor a mis semejantes. La confusión acechaba mi cuerpo y lo mas profundo de mi ser, cuando tales sentimientos se cruzaban en mí. Bajo tal grado de locura que llegaba a mi mente, vi el cartel de “suicidio”, que buscaba peones para mandar adelante en la guerra contra este ser. Solo que en realidad de enfrentarlo, los reclutadores se aprovechaban de la situación, para lucrar con las vidas de estos, en su mayoría jóvenes, prometiéndoles espacios divinos en historias que nunca se escribirían, y llenando su corazón del orgullo segador del mundo, para llevarlos a una muerte sin precio. No podía entregarme a tales fines de unos “lucradores”, aunque su obra pareciera justa.
Me había decidido a pasar mi vida bajo las órdenes de este maligno guerrero. Aunque con el solo hecho de no obedecerlo, tal vez ganaría más libertad, no me animaba, ¿quién sería yo para sobresalir entre los demás? Nunca recibí señal alguna de que podría llegar más allá que el resto.
Sin embargo, mis sentimientos aún me consumían con dolor, y decidí dirigirme a un viejo cementerio, llamado “el cementerio de los torpes”. Ahí yacían los cuerpos de algunos de los que se habían animado a enfrentar al gran señor del combate, quien tomaba casi todas las decisiones de nuestra vida.
Para mí no eran torpes, sino una especie de héroes, porque aunque nadie los recordara, eran más valientes que yo y que el resto de nosotros. Empecé a caminar entre sus empolvadas tumbas, con alta cantidad de pastos y enredaderas que tomaron por invasión el lugar, cerrando, todo intento de muerte victoriosa. Entre todas las tumbas, una llamo más mi atención, yacía de rojo, pero parecía destruida, aunque en realidad era una inscripción lo que contenía, una letra que me resultaba familiar marcaba a fuerza de rasguños, algo que me estremeció en ese momento y me hizo caer al suelo, la misma decía:
“Dispuesto a desafiar todo, las leyes del mundo, del pensamiento humano, de la sociedad, de los prejuicios, dispuesto a desafiar al DESTINO y a la SUERTE, si es que existe. La visión de grandeza, del hecho de la lucha contra las adversidades humanas, llena de nobleza un futuro histórico que, al completar los libros de satisfacción, te permite ver que todo vale la pena, y que lo que dejaste escrito en la vida, es simplemente lo que importa. Todo es gracias al desafió que uno plantea. El solo hecho de retar al destino y de no rendirse, sino de caer en el intento, tiene más frutos honorables que toda una vida sedentaria. Solo dios no es desafiable...”
Me di cuenta que mi vida, y la de mis compatriotas era más valiosa de lo que imaginaba, y que tenia que luchar, debido a que me encontraba en un cementerio, que en realidad era la tierra de la esperanza, en la que yacían las ideas de las personas que habían caído en esas luchas.
Había llegado mí hora, la hora de empezar a prepararme para la gran lucha, sólo me enfrentaría al gran guerrero y caería en el intento si fuera necesario, mas marcaría con mi propia sangre, mi honorable muerte.
Luego de varios meses aislado, y rodeado de tumbas, cargue mi vieja armadura, y mis armas, que había juntado de las partes viejas que yacían en el piso del lugar, y sumé algunas que yo había armado. Pero al salir, vi un viejo cartel que me hizo temblar al ver que con esa misma letra que me resultaba familiar había quedado marcada sobre una vieja madera una frase que yo firmaba, aunque no recordaba haberla escrito jamás. Ella con suaves letras consignaba:
“Son las paredes de cada día, de cada vida, y de la humanidad, las que se elevan en la inmensidad, llegando casi hasta el infinito. Aún así el hecho de poder saltarlas se presenta cada día, bajo la bandera de una lucha ideológica y sentimental. Ellas se presentan aún altas, inmensas y peligrosas”.
Anchas, como la imaginación de un niño, dan temor al solo plantear el desafío de cruzarlas. Solo un arma es capas de derivarlas, te permite retar toda suerte y destino y te demuestra que, aunque las grandes murallas crezcan cada día, escalarlas no es imposible y, si acaso resultara difícil esto, una serie de hechos desencadenados, en una confrontación extrema y fatal, te permitirá derivarlas una por una, o morir exitosamente en el intento, dejándolas rasguñadas y marcando, por vidas y siglos, tus huellas en la humanidad, para traer el valor que necesitan los justos y los afligidos.”
Atemorizado, por ver mi firma en aquel cartel, huí del cementerio, pero al tropezar con una pequeña piedra, vi que no había llegado a ningún otro lado, ya que el cementerio aún estaba detrás de mí, aún. En aquel instante del tiempo fue cuando me di cuenta de que él era parte de mí. En ese momento perdí todo miedo a cualquier cosa capas de destruirme.
Me dirigí a la gran montaña cruzando la gran ciudad, que me había acogido por años. Preparado para paliar hasta mí ultimo suspiro, escuchaba las risas del pueblo detrás de mí. Lágrimas caían de mi rostro por su inconsciencia, entonces me di vuelta y le dije con sonoras palabras:
-El gran guerrero nos desafía cada día, en forma de sinónimo de vida, nos controla. Y aunque lo logramos superar de poco a poco y con esfuerzo, él logra abatirnos. Por eso eh decidido presentar mi mejor jugada, esta vez yo lo he desafiado a él, para lograr parar el tiempo del universo un instante, porque él en este mismo momento esta escuchando mis palabras, y atemorizado levanta su vista. Al escucharme, por un segundo, cruza el miedo en su interior, como él lo hace con nosotros a cada momento. Sus sonrisas confusas, se han partido. Cada día nos desafía, y aunque intentemos darle batalla, él nos derrota. Pero en esta ocasión yo lo eh desafiado a él.-
En ese mismo instante, él apareció detrás de mí, con los dientes apretados, se podía ver en su cara y en sus manos su temor. Su armadura permanecía impecable y su espada estaba lista para el combate. Las personas a mi alrededor corrían por doquier, algunos habían quedado inmóviles, otros me miraban atentos. No obstante, los que más fijamente me miraban eran los niños que entendían lo que sucedía, ya que sus mentes aún no estaban contaminadas. Ellos lo veían todo tan simple, que solo las personas que no habían caído en el orgullo mundano, comprendían sus explicaciones.
Pero al volver a mirar fijo a los ojos a mi oponente, él mostraba su cabeza en alto, aunque se notaba cómo empezaba a temblar, cada vez mas y más. Su miedo era cada vez mayor, porque vio, cómo detrás de mí se empezó a formar una fila infinita de personas que tomarían mi lugar cuando yo muriera, y aunque uno a uno cayeran bajo su espada, siempre vendría otro para tomar su lugar, y así lograríamos vencerlo, puesto que formábamos una combinación casi sin fin, que él no podía controlar. Él, además, sabía que yo ya había ganado mi batalla, y al matarme solo lograría dejarme morir en paz, junto al jardín de mi mente, que había sido un cementerio, por años.
Pensar que lo desafiamos, a él, el gran guerrero, también conocido como destino, o suerte, aunque irónicamente es el destino que parte de nosotros creó, y que el resto hemos permitido.

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