Confrontación sin fin
Dicen que los hombres son formados por las circunstancias de su vida, yo no puedo negar eso. Yo no solo cambié por las de mi vida, sino también por las de uno de mis ancestros, que vio el comienzo de esta gran guerra, la que empezó hace tantos años y hasta hoy 15 de marzo de 2036 no ha terminado. Esta contienda empezó hace mucho, yo no había nacido aún, pero en honor a uno de mis antecesores y a su historia, que me han contado repetidamente, sigo luchando por su causa. Su historia es la que relataré:
Hasta hace unos años atrás no era más que un joven vendedor de un mayorista. Ahora estoy tratando de escapar de una extraña celda que nunca había visto, para combatir. Aún recuerdo cuando todo esto se inició. No más que unos pocos años atrás, estaba cumpliendo con mi trabajo, para conseguir mi sustento. Un día, para ser más específico, un lunes, algo extraño sucedía. Había un murmullo en todos los locales a los que me dirigía, los medios habían empezado a informar sobre algo extraño que sucedía, yo no le presté mucha atención, debido a que no me parecía más que una obra de ficción. Hasta que el comentario creció de tal manera que nadie me atendía en los comercios, y decidí averiguar qué estaba pasando. Como salido de una historia ficticia un grupo de personas había tenido un encuentro con unos seres muy extraños, pero, al mismo tiempo, parecidos a nosotros. Inmediatamente los gobernantes se pusieron en movimiento y tomaron cartas en el asunto.
Había escuchado historias, sobre encuentros cercanos con civilizaciones más avanzadas que nosotros, desde el punto de vista tecnológico. Algunos decían que habían salido del mar, otros, que venían del espacio; había todo tipo de comentarios, desde algunos que sostenían que debíamos atacarlos, hasta los que aseguraban que nos traerían la paz, la realidad es que no sabíamos bien qué sucedía.
Con el paso del tiempo, un día decidí acercarme al lugar donde se encontraban, algunos de ellos trataban de contactarse con nosotros, pero no lográbamos entendernos, sus naves eran gigantescas y mucho más avanzadas que cualquier nave que hubiéramos visto, sus ropas eran muy extrañas, ¿serían trajes espaciales acaso? Algunos tenían ropas grises, otros marrones o de colores vistosos. Portaban diferentes elementos, yo no comprendía para qué servían. Más allá de todo esto, no me interesaba demasiado su visita, ya que solo me sacaba horas de trabajo y ellos no hacían más que tratar de comunicarse con nuestros líderes. Así que volví a mis responsabilidades, pasaron algunas semanas y la gente todavía hablaba de estos extraños seres de rostro diferente al nuestro y de un color de piel bastante feo. Al poco tiempo se estableció un nuevo negocio; estos seres querían adquirir algunos minerales de los que nosotros poseíamos, era un negocio redondo, aunque para nosotros no eran más que porquerías, o cosas de poco valor. Debido a que la única forma de negociar era a través del cambio de posesiones, porque su sistema económico era diferente al nuestro, ellos nos prometieron traernos algunos materiales y cosas extrañas que nos servirían. La verdad es que me empezó a gustar esto de los extraterrestres o infraterrestres, o lo que fueran.
La mayoría de nosotros juntó cosas para intercambiar a gran escala, a la siguiente semana una de sus naves se marchó con diferentes objetos.
Al final, las historias no eran tan malas como decían, no habían hecho experimentos con nosotros, ni nada por el estilo.
Pasados unos meses volvieron nuevas naves, y trajeron los elementos que nos iban a intercambiar. La verdad es que a unos vendedores no se los puede engañar, las cosas que me intercambiaron a mí no me servían de nada. No obstante, la mayoría de la gente había decidido trabajar para ellos. Solo fue cuestión de semanas para darnos cuenta de que más que empleados nos querían de esclavos, habían matado a unos trabajadores que se negaban a entrar en unas cuevas extrañas, ellos decían que era muy peligroso entrar ahí, sin embargo, a estos seres no les importó, las condiciones de trabajo cada vez eran peores, y a todos los que nos habíamos mantenido lejos de esto, nos querían obligar a trabajar para ellos. Algunos gobernantes de otros países decidieron combatirlos, otros se entregaron al engaño, mientras que los menos afortunados fueron asesinados. Sus armas eran mucho más avanzadas que las nuestras, tenían mayor alcance y eran más poderosas, nunca habíamos visto algo así, sus naves de transporte que habían aparentado ser pacíficas, también tenían armas más poderosas. Cuando vi esto decidí escapar con mi familia de la ciudad, pero al volver, vi que mi padre estaba muerto en la entrada de mi casa en llamas, los muertos eran muchos. Había extremidades humanas por todos lados en mi ciudad. La desesperación entró en mi alma, la verdad es que solo lloré porque no podía gritar a causa de la impresión. Veía como todo yacía en llamas y estaba destruido, que a quienes habían sobrevivido los llevaban apresados con artefactos extraños, de materiales de los cuales no se podía escapar, no tenían piedad, mataban a niños, a quienes no les obedecían, a los ancianos que no les servían, la verdad era que estos seres no tenían corazón, los juguetes de niños yacían en el piso. Empecé a correr hacia las afueras de la ciudad, donde encontré a unos soldado heridos y a un par de personas del campo, me dijeron que era imposible derrotarlos, pero que había que tener fe porque en uno de los países vecinos habían logrado empezar a expulsarlos, usando tácticas con pequeños movimientos de tropas. Sin embargo, la mayoría de los que habíamos logrado escapar, no teníamos conocimientos de armas, pero el dolor que producían en mí las imágenes de muerte, sangre y actos inhumanos producidos a toda la comunidad, llenaron mi corazón de odio, y el espíritu de guerra vino a mí, entregándome completamente al combate, fuera como fuera. En semanas empezamos a organizarnos y a atacarlos, robábamos sus armas y tratábamos de destruir sus naves, tal vez yo no vería el final de la guerra pero sí mis descendientes, si es que tenía fin esta guerra. A veces caíamos como moscas frente a ellos y a sus ejércitos superiores, los países vecinos también los combatían, algunos traidores se les habían unido, nuestra pena a la traición era la muerte más sangrienta que hubiera, fuera de la nación que fuera. Lo único que nos quedaba era combatir…
Hasta que un día me atraparon, me torturaron con sus extraños elementos y me sentenciaron a la pena de muerte. Pero mi muerte no sería en vano, porque sabía que dejaba descendientes que habían nacido en medio de la guerra y llevarían a cabo mi eterna misión, la de expulsar al enemigo, bajo el odio a sus comandantes, y a su máximo líder, de quienes escuchaba a menudo sus voces, y hasta pude ver a uno de ellos personalmente antes de que se ordenara mi ejecución. Su comandante, quien ordenó mi muerte, era el capitán Cristóbal Colón y su máximo líder, la reina Isabel, que con su ropaje de colores varios, sus grandes naves, sus chalecos con protectores grises, y sus avanzadas armas de fuego, habían venido a invadirnos.
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